Yemen, a la sombra de Al Qaeda
Un sociedad tribal, cerrada y empobrecida crea espacios suficientes para todo tipo de rivalidades y Al Qaeda sabe aprovecharlas muy bien
Ningún país árabe es más pobre que Yemen. El 45% de la población vive con menos de dos dólares al día. La principal riqueza es el petróleo, pero los pozos se agotarán en 2017 y los 400.000 barriles diarios que, aproximadamente, se extraen ahora no bastan para alimentar a una población de casi 24 millones de personas que crece más rápido que ninguna otra en el mundo. Las mujeres tienen una media de seis hijos, animadas por una tradición islámica muy reforzada desde hace 20 años. El presidente Saleh, acostumbrado desde hace 31 años a gobernar este nido de serpientes, aparece más debilitado que nunca. Una guerra tribal en el norte, un movimiento independentista en el sur y un repunte, feroz, de Al Qaeda, que se hace fuerte en las provincias más abandonadas. Los jihadistas se casan con las hijas de los jeques, tejiendo una red social de intereses que les permitirá una larga y fructífera vida dedicada a la destrucción. Mientras tanto, la población abandona los pueblos medievales en busca de un trabajo que si no pueden encontrarlo en Sana'a habrán de ir a buscarlo a Arabia Saudí. Los que se quedan se entregan al consumo del qat, un narcótico que llena las tarde yemeníes y está siendo la ruina de la agricultura y buena parte, también, de la vida empresarial.


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