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En el estudio de Oriol Maspons

El conocido fotógrafo de la Gauche Divine, ha firmado un acuerdo por el que deposita en el centro del MNAC unas 1.500 fotografías realizadas entre los años 50 y finales de los 80 y que serán objeto de una amplia monografía

Entrada del  estudio de Oriol Maspons  en barrio de Gràcia de Barcelona.El antiguo laboratorio, convertido hoy de almacén de la obra enmarcadaMaspons posa en el plató de su estudio, que estrenó en 1968 y decoró Óscar TusquetsMaspons explica la fotografía en la que se ven los agujeros hechos por los tacones de las prostitutas en una losa de la acera.Maspons, hoy jubilado, recuerda con emoción su carrera profesionalMaspons contemplando uno de sus trabajos, realizado en el que fuera el lavabo del estudio.El plató, como el resto del estudio, hace años que no se utilizanMáx, el terrier que no se separa de su amo.Las largas piernas de Elsa Peretti contrastan con el hombre sin brazos de la foto pequeña. La modelo ha ofrecido su fundación para guardar las obras de Maspons.Las cajas de contactos junto a uno de los muchos anuncios publicitarios que Maspons hizo en los años 70.Fotografía ''a lo Maspons''. Tras explicarnos la táctica con la que conseguía electrizar el cabello de sus modelos, Maspons consintió en ser electrocutado sin electricidad para esta foto tan personal.Otra foto ''a lo Maspons''Foto experimental con electricidad.
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Reportaje fotográfico realizado por: Sarah Bejerano, María Bru, Noël Gallardo, Ana Martínez, Gisela Mena y Mónica Moreno. Texto con la colaboración de Xavier Mas de Xaxàs

Oriol Maspons, que nació en Barcelona el 22 de noviembre de 1928, ha vivido fiel a un lema que aprendió haciendo la mili en Ceuta: “Antes morir que perder la vida”. Esta filosofía, este empeño en vivir cada día como si fuera el último, lo ha convertido en uno de los fotógrafos españoles de mayor reconocimiento internacional. Desde 1958 sus fotografías están en el fondo permanente del MoMA de Nueva York.

Su carrera profesional arranca con la crónica de la España negra de los años 50 y 60, cuando retrata la marginalidad de las chabolas gitanas, los burros y los tricornios. Luego se convierte en fotógrafo de los hippies de Eivissa y Cadaqués, y en retratista de la Gauche Divine, el movimiento contracultural de la burguesía barcelonesa de los años 70.

La fotografía la descubrió en París, donde conoció a maestros como Brassaï, Cartier Bresson, Robert Doisneau y Guy Bourdin, a los que entrevistó durante su estancia profesional en la revista Arte Fotográfico.



Paralelismos

Su trayectoria incluye una pasión por retratar mujeres y animales, así como diversas incursiones en el mundo de la publicidad y es comparable a la de Leopoldo Pomés aunque también guarda muchos paralelismos con Xavier Miserachs, Joan Colom, Francesc Català-Roca, Colita, Carlos Pérez de Rozas, Humberto Ribas y Miguel Trillo.

Visitarlo hoy, en su estudio de la calle Santa Ágata del barrio de Gràcia, en Barcelona, es sumergirse en un tiempo que dejó de existir. El estudio fue diseñado por Óscar Tusquets en 1968. Maspons siempre ha sido desordenado, surrealista y provocador, y esta personalidad se refleja en las imágenes que ilustran este reportaje.

Cuando visitamos su estudio, a finales del pasado mes de octubre, las fotografías estaban apiladas en diferentes rincones. Fue un privilegio contemplar en su espacio privado esta obra capital de la fotografía española, testimonio del cambio que supuso pasar de la represión cultural del franquismo a la apertura y liberación de los años 60 y 70.



Un recorrido por el estudio

Aunque hace tiempo que se jubiló, Oriol Maspons mantiene contacto diario con sus obras, sus libros, su estudio... Y conserva intacta la ilusión por la fotografía, tanto la suya como la de otros autores.

Aquella tarde de otoño, nos recibió de muy buen humor. La simpatía define bien su carácter. Estaba acompañado de su inseparable Max, un terrier blanco que se llama igual que su único nieto.

Maspons nos hizo pasar a su despacho, lleno de libros, carpetas, viejas máquinas de escribir, una lupa y muchos objetos inclasificables.

No costó nada hacerle hablar. Nos explicó que era de familia pija y que no tenía manías en reconocerlo. Huye de todo lo que sea políticamente correcto. Así, nos explicó que se hizo fotógrafo para ligar. Las mujeres siempre le han gustado.

Los miembros de la Gauche Divine se reunían en el restaurante Ca La Mariona y en la discoteca Boccaccio, viajaban y aprendían juntos. Se casó a los cuarenta años, con Coral, su actual esposa y madre de su único hijo.

Los mejores retratos de mujeres los reunió recientemente en un volumen que tituló The private collection y que editó La Fábrica. La asociación Guiness de récords raros rechazó su propuesta de figurar como el europeo que más fracasos ha acumulado con mujeres guapas de la UE.

Maspons habló con nostalgia del pasado, cuando “un fotógrafo era alguien", lo que suponía codearse con genios como Dalí, Coderch, Correa o Tusquets. Hizo fotografías para libros de Camilo José Cela, Miguel Delibes y Juan Marsé, entre otros.

Muchas imágenes de aquella época decoran el pasillo del estudio. Hay de los hippies en la Eivissa de los 60 y de los agujeros que dejaban los tacones de las prostitutas del Raval en las losetas de la acera.

El pasillo desemboca en el viejo laboratorio, hoy convertido en almacén para fotografías de gran formato. Algunas están enmarcadas y embaladas desde hace años.

En una pequeña antesala, Maspons guarda decenas de cajas con el sugerente título de "contactos", libros y álbumes de fotografías.

En el estudio hay una banqueta con una pequeña bandera de Estados Unidos, además de cubetas de revelado, sillas y más fotografías enmarcadas y embaladas, así como cajas repletas de fotos sueltas.

El desorden del plató es sugerente. La sala es amplia y rectangular, de techo alto, donde todavía cuelgan varios focos que funcionan y fondos monocromos. Maspons guarda allí las obras de gran formato, las más emblemáticas de su obra.

Tras enseñarnos su maquinaria, vuelve a guardar en los estantes sus cámaras analógicas, auténticas reliquias conservadas en un estado impecable. Sus objetivos, lentes y carretes están guardados en sus estuches originales. Costaron una fortuna en su época, y hoy tienen el valor sentimental de un tiempo que no volverá.

Los negativos, la joya de la corona de su archivo, están guardados en una pequeña habitación llena de pequeños cajones que van desde el suelo hasta el techo y que tiene organizados por fechas. Sea como sea, allí duerme una parte esencial de la historia de la fotografía española.

Reportaje editado por:

Ana Martínez

hace 1 año, 3 meses y 14 días

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