Acumular y rescatar
Desde miniaturas de coches antiguos hasta soldados de plomo, pasando por abanicos, monedas, botellas de licor, sellos, sobres de azúcar o piedras preciosas. Todo puede coleccionarse. Tradicional y muy vigente, el coleccionismo llena plazas y ferias de acumuladores.
Yago, oscense de 26 años, colecciona armas orientales desde los 16. “Con el primer sueldo de mi primer trabajo me compré mi primera katana, siempre había querido tener una”, afirma. Ahora tiene otras doce, además de un buen número de otro tipo de armas chinas, japonesas y coreanas. “El mundo oriental me ha atraído siempre, desde muy pequeño. La cultura japonesa es la que más me interesa de todas. Hace dos años estuve en Japón y me dejó boquiabierto su forma de vida, sus costumbres, todo”. Aficionado también al manga y al anime, Yago compra por Internet la mayoría de sus objetos de colección. “En Internet hay unas cuantas tiendas en las que puedes comprar armas de este tipo, a precios normalmente más bajos que en una tienda convencional. Y es mucho más cómodo que ir a buscarlas personalmente, todo hay que decirlo”, añade.
Yago posee más de cincuenta armas en su colección, la mayoría de ellas, japonesas. La más querida para él es “por supuesto, la primera katana que me compré, que igual no es la mejor de todas, pero fue con la que empecé la colección y, de alguna manera, es la más importante”. Otras de las armas a las que le tiene un especial cariño son un bokken japonés, un sable de madera utilizado en diversas artes marciales y un kodachi, una espada corta japonesa generalmente utilizada por mujeres como arma defensiva.
Habrá quien considere que la afición de Yago es peligrosa, propia de personas que se sienten atraídas por la violencia o que pretenden emular con sus armas a personajes de videojuegos o de películas. “Una cosa no tiene nada que ver con la otra, se puede ser violento sin coleccionar armas y se pueden tener cientos de armas y ser la persona más pacífica del mundo. Para mí las armas, además de una afición, son algo muy serio, nunca se me ocurriría utilizarlas”.
Al igual que Yago, la mayoría de los coleccionistas, sea lo que sea lo que coleccionen, son aficionados. El coleccionismo se concibe como un hobby, como una forma de ocio más. No obstante, también existen profesionales del coleccionismo, que no sólo se dedican a acumular objetos, sino también a venderlos. Este es el caso de Leandro, de 57 años, propietario de una tienda de sellos y vitolas de colección en Barcelona y uno de los asiduos a la Plaza Real, que cada domingo por la mañana reúne a varios coleccionistas de sellos, vitolas y monedas, mayoritariamente. “Casi siempre estamos los mismos, ya nos conocemos todos. Yo procuro venir todos los domingos, por si hay algo nuevo o que no había visto antes”.
Cuando Leandro hace sus adquisiciones en la Plaza Real, normalmente piensa más en sus clientes que en él. “Muchos me piden que intente encontrarles algunos sellos en concreto que les gustaría tener o también vitolas de puros. Y yo encantado, la verdad es que disfruto bastante viendo como otros amplían su colección, me gusta saber que hay más gente que, al igual que yo, se interesa por este tipo de cosas”, afirma.
La Plaza Real de Barcelona es tan sólo un ejemplo de los más de cincuenta rastros y mercadillos de coleccionismo que se celebran cada semana en España. Suelen tener lugar durante el fin de semana, y en ellos se reúnen profesionales del coleccionismo, aficionados o simples curiosos. La Rambla Ferran de Lleida es otro de los emplazamientos que, cada domingo por la mañana, acoge un mercadillo de antigüedades en el que pueden encontrarse juguetes, muebles, libros, revistas, cuadros, herramientas e incluso máquinas de escribir y gramófonos.
Sebastián, de 79 años, es uno de los visitantes más fieles del mercadillo. Colecciona chapas de botellas de champán desde los 25, y ahora posee más de 10.000. “La mayoría de las que hay en el mercadillo ya las tengo, pero siempre vengo, por si acaso hay alguna nueva algún día”. Además de en mercadillos y rastros, Sebastián encuentra nuevas chapas de champán para su colección a través de Internet, sobre todo en eBay. Su nieto Daniel, de 19 años, es el que se encarga de comprarlas. “Yo es que de ordenadores no entiendo, y a estas alturas ya no voy a aprender. Mi nieto de vez en cuando va mirando y, si encuentra algo que me pueda interesar, enseguida me lo dice. Por Internet siempre suelen salir más baratas que en los mercadillos”, dice Sebastián.
La mujer de Sebastián, Elvira, no comprende su afición. “Yo no sé para qué querrá tener tantas chapas, si total, no le sirven para nada”. “Porque tú no lo entiendes”, le replica Sebastián. “Ya sé que no tienen ninguna utilidad, pero me gusta tenerlas, y sigue haciéndome ilusión encontrar una que no tengo, esta es una colección que no se termina nunca, nunca podrás tenerlas todas”, añade. Sebastián se siente muy orgulloso de su colección de chapas, que enseña a todas sus visitas. “La gente siempre se sorprende, no sólo por la cantidad de chapas que tengo, sino porque algunas son realmente muy curiosas y difíciles de encontrar”. Elvira dice que no con la cabeza: “es un pesado, pero qué le vamos a hacer”.
Seguramente Elvira no es la única que piensa de esta forma. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene acumular una serie de objetos, invirtiendo en ellos una gran cantidad de tiempo y dinero, si ni siquiera tienen una utilidad? Las respuestas de los acumuladores suelen ser similares. Yago, el coleccionista de armas orientales, dice que “cuando algo te interesa de verdad, siempre quieres saber más, y esto es lo mismo. Cuando te gusta una cosa, quieres tenerla, y cuantas más tienes, más quieres tener y más quieres saber sobre ellas. Es un círculo vicioso”.
Para Leandro, empezar su colección de sellos fue “algo inevitable”. “Cuando era joven trabajaba en un estanco y de vez en cuando veía algún sello que me llamaba la atención en especial, o uno que iban a dejar de producir y que me hacía ilusión tener para que, de alguna manera, no desapareciera del todo. Total, que acabas consiguiendo más y más y como esto nunca se termina no dejas de seguir buscando”. Sebastián, el coleccionista de chapas ofrece una explicación parecida: “empieza como una tontería, te hace gracia algo y te lo guardas, y otro día encuentras otra cosa que también te llama la atención y te la guardas también, hasta que sin darte cuenta tienes ya unas cuantas y cada vez te lo vas tomando un poco más en serio, por así decirlo. Al fin y al cabo, no deja de ser más que una afición como cualquier otra”.
Aarón, valenciano de 37 años, tiene dos grandes hobbies que compagina a la perfección: viajar y las bolas de nieve. “Me encanta viajar, visitar nuevos lugares, ver mundo. Si la economía lo permite, hago dos viajes al año, uno en verano y otro en semana santa o en navidad, según los días que me den de vacaciones en el trabajo”. Lo suyo con las bolas de nieve empezó hace más de quince años, cuando estuvo en París. “No sabía qué traer como souvenir y al final cogí una con la torre Eiffel, a partir de entonces, compro una en todas las ciudades que visito”. Aarón tiene bolas de nieve de Nueva York, Las Vegas, Los Ángeles, Miami, San Francisco, El Cairo, Roma, Bruselas, Oslo, Copenhague, Moscú, Sidney, Hong Kong y Tokio, por citar algunas. En total, tiene unas cincuenta bolas de nieve. “Tal vez no sea un gran número, pero me quedan todavía muchos sitios por visitar”.
Aunque la mayoría de los coleccionistas son particulares y se dedican a ello sólo como afición, también los hay profesionales, que además se asocian para dar a conocer diferentes formas de coleccionismo a la población. Mario Sala es el presidente de la Asociación de Profesionales y Amigos del Coleccionismo (ASPAC), una organización que integra a 25 comerciantes profesionales y a un total de 400 asociados a nivel particular repartidos por todo el territorio español.
ASPAC se fundó en el año 2003, cuando varios comerciantes de objetos de colección decidieron organizar sus propios salones de coleccionismo para dar a conocer esta afición en España. En 2006, se celebra el primer salón organizado por ASPAC, el Paperantic, una feria itinerante que se celebra cada año en Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia y Sant Feliu de Guíxols. Desde la asociación se elabora también la revista de periodicidad anual Paperantic, que ofrece información sobre la materia y en la que los asociados pueden presentar sus colecciones.
La organización se dedica al coleccionismo de objetos efímeros con soporte de papel y metal, excluyendo los sellos y las monedas, que cuentan con sus propias asociaciones. Algunos de los objetos que coleccionan los miembros de ASPAC son carteles publicitarios, postales, cromos, programas de cine, acciones… objetos diversos que sirvieron en su momento pero que perdieron su utilidad. Desde la asociación se pretende que estas antigüedades no sean olvidadas del todo y que las nuevas generaciones puedan llegar a conocerlas. Tal vez el coleccionismo, en última instancia, consista precisamente en esto: en rescatar aquello que, si no fuera por estos acumuladores, acabaría desapareciendo por completo.



