El lince ibérico en el pre desierto de Doñana
Los 250 linces que sobreviven en Doñana y la sierra de Andújar están acostumbrados a la crueldad del hombre. Ahora deberán adaptarse también al cambio climático: menos agua y más desierto.
Brisa es una hembra de lince ibérico que nació en el centro El Acebuche (Huelva) en 2005. El pasado mes de marzo se convirtió en la primera lince nacida en cautividad que logra reproducirse. Una de las crías murió tras el parto, mientras que la otra fue rechazada por su madre.
Como cualquier otro mamífero, Brisa necesita desplazarse en búsqueda de nuevos territorios. Esta necesidad le supone correr un gran riesgo, ya que los pasos de fauna en el parque nacional de Doñana, su espacio natural junto a la sierra de Andújar, no son lo suficientemente efectivos: todos son subterráneos, sufren falta de vegetación a su alrededor que proporcione seguridad a los animales y están colocados cada cierta distancia sin tener en cuenta las zonas de paso real de las especies. Además, muchos se inundan en épocas de lluvia. Según la organización WWF Adena, 14 de los 18 linces muertos entre 2000 y 2005 fueron atropellados. A la fragmentación del hábitat provocada por las infraestructuras viarias se une la circulación de todoterrenos, motos o quads por zonas prohibidas. Adena denuncia “la falta de control y las altísimas velocidades que se alcanzan”. La organización ha comprobado que, además, en la Raya Real se celebran carreras de quads y botellones a menos de 20 metros de la zona de cría de una lince.
Aunque las muertes por caza furtiva no son tan numerosas como los atropellos, también son una gran preocupación porque “el primer requisito para evitar la extinción del lince ibérico es la concienciación humana”, tal y como afirma Noelia Méndez, ambientóloga onubense. El mismo mes de marzo en el que Brisa daba a luz a sus dos crías, atropellaron y tirotearon a Theo, una lince que gestaba a otros dos cachorros.
La práctica de la caza en las inmediaciones de Doñana tiene sus daños colaterales. WWF Adena ha encontrado en ríos y arroyos de la comarca una gran cantidad de perdigones. Esto supone un peligro tanto para la fauna, que ingiere el plomo, como para los humanos, ya que se contaminan aguas de riego y consumo.
Pese a la poca importancia que los gestores ambientales le dan a la existencia de animales asilvestrados, éstos causan numerosos problemas a la fauna de Doñana. Es fácil ver cómo perros asilvestrados campean por espacios naturales en áreas de cría del lince, la nutria o el meloncillo. En los alrededores de la carretera Hinojos-Villamanrique, Adena ha observado cómo perros de cacería abandonados cazaban conejos, el principal alimento del lince ibérico. Los animales asilvestrados pueden, además, extender enfermedades entre la fauna, así como entre los humanos.
En ocasiones, para erradicar la presencia de los animales asilvestrados se usan venenos en los campos de Doñana. Pero es habitual que los afectados sean otros, como los linces. El veneno persiste en los cadáveres de los animales, por lo que luego pasan a los carroñeros. De una pequeña cantidad de veneno puede morir toda una cadena. Este dato es más grave teniendo en cuenta las estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente, que afirma que el 43% de los animales afectados son especies protegidas. La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía revela que Almonte es el municipio de Huelva donde se han verificado más casos por envenenamiento. El hecho más alarmante es que, según WWF Aena, “son pocos los casos que se consiguen descubrir”.
Todos estos acontecimientos provocados por el ser humano se unen a desgracias naturales, como la pérdida de una decena de linces machos como consecuencia de un brote de neumonía felina en el año 2007.
Cambio climático
Varios estudios como Doñana y Cambio Climático: Propuestas para la Mitigación de los Efectos, realizado por la Universidad de Huelva para WWF Adena, o La crisis del clima: Evidencias del cambio climático en España, de Greenpeace prevén la aridificación de Doñana en este siglo debido a varios factores.
El principal es el aumento de las temperaturas diarias entre los 2 y los 4 grados. En verano, el incremento será mayor. A ello habrá que añadir la reducción de las precipitaciones, fenómeno que ya es evidente. La disminución de las lluvias será de 110mm. anuales. Ambos cambios provocarán una mayor evapotranspiración en otoño. Este fenómeno es relevante en el ámbito del parque nacional debido a sus escasos recursos hídricos.
Adena considera que “las variaciones climáticas tendrán consecuencias muy graves en Doñana, ecosistema especialmente sensible al cambio climático, así como es su fauna y su flora”. Dichos daños van desde la propagación de especies invasoras, que se adaptarán mejor a las nuevas condiciones, hasta la desaparición de las especies autóctonas, que por el contrario, no podrán adaptarse al nuevo ambiente. Este hecho será especialmente importante para las aves migratorias, que tienen en Doñana un punto clave en su ruta migratoria. Si el parque deja de ajustarse a sus necesidades, tendrán que modificar su camino y desplazarse más hacia el norte en busca de las temperaturas óptimas.
Si no se toman medidas para evitarlo, el cambio climático también dará lugar a nuevas enfermedades que afectarán a la población local. Actualmente, existen males que no se dan en el sur de España por las condiciones climáticas, pero sí en el norte de África. Un cambio en el clima puede crear las condiciones propicias para que estas enfermedades se desarrollen en Doñana.



