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La Europa horizontal

Los principales poderes regionales diseñan una UE más orientada hacia Oriente que hacia el sur

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Veinte años después de la caída del telón de acero, Europa es hoy mucho más oriental que sureña. El Báltico, el Danubio e, incluso, el mar Negro se perfilan como macrorregiones de interés prioritario para la Unión Europea. El sur mediterráneo, víctima de los grandes desequilibrios sociales y económicos entre sus dos orillas, queda en segundo plano.

Pavel Samecki, comisario europeo de Política Regional, no podía ser más claro esta semana en Bruselas: "Hemos de aumentar la cooperación con nuestros vecinos porque es vital para el crecimiento y la estabilidad, y nuestro vecino más importante es Rusia". Dos cifras bastan para explicar esta afirmación: El 40% de la energía que recibe la UE procede de Rusia y el 51% de las importaciones rusas son de la UE.

Frente a los retos de la globalización, hace años que la UE se plantea desarrollar regiones competitivas, y ahora hay dos que sobresalen del resto: el Báltico y el Danubio, cada una con una estrategia propia y la mirada puesta en Rusia. Se trata de macrorregiones, una idea nueva, que se cree más adecuada para superar los retos del futuro y que, además, enlaza con la Europa del siglo XV, anterior al orden basado en la soberanía de los estados. "Las regiones -explica Daniel Tarschys, ex secretario general del Consejo de Europa- tienen una dualidad muy interesante: son más pequeñas que un Estado, pero, al mismo tiempo, también pueden ser más grandes que un Estado".

El proceso de concentración regional, según Danuta Hübner, ex comisaria europea de Política Regional, "no puede frenarse". "Puede ordenarse, eso es todo. La cooperación regional seguirá creciendo y ganará en complejidad. Se crea, por tanto, un nuevo territorio que, en contra de lo que puede parecer, no fragmentará la UE, sino que la cohesionará", explica.

La energía y el comercio son los dos motores que mueven las nuevas macrorregiones. El Báltico, por ejemplo, que ha recibido un espaldarazo fundamental durante la presidencia sueca de la UE que ahora termina, fomenta una estrecha relación con la región rusa de Murmansk para explotar las rutas comerciales del mar de Barents, cada año menos helado gracias al cambio climático.

"La cooperación económica -sostiene Kari Aalto, presidente del Comité Regional de Barents- es mucho más importante entre el este y el oeste de Europa que entre el norte y el sur. Lo es por historia y por intereses mutuos". Evgeni Nikora, presidente del Parlamento regional de Murmansk, tiene claro que el futuro de su ciudad portuaria pasa por ser enlace entre el Báltico y el Pacífico norte. "Queremos potenciar la red ferroviaria con el Báltico para alimentar el puerto de Murmansk", anuncia, y considera que el hielo ya no es un impedimento para la navegación: "Si hay campos de hielo lo único que pasa es que el transporte es más caro". De momento, las únicas líneas mercantes entre Murmansk y Noruega transportan contenedores, pero es cuestión de tiempo que por ellas también naveguen petroleros. Será una nueva salida hacia Europa para los hidrocarburos siberianos.

El petróleo del Cáucaso es, asimismo, una de los principales argumentos de la macrorregión del mar Negro, en gestación desde hace, al menos, un par de años y respaldada por otros lobbies centroeuropeos que, con el respaldo de Alemania, se muestran más fuertes que los mediterráneos.

La razón de ser de la macrorregión danubiana -impulsada por Baden-Württemberg- es comercial, además de histórica y cultural. El río vertebrador de Europa será aún más importante en el futuro. "Para nosotros es fundamental -reconoce Gabor Demszky, alcalde de Budapest-, se trata de un espacio natural que se hubiera organizado, aunque la UE no existiera. La UE, para que se entienda de dónde venimos, forzó a Hungría a dividirse en regiones artificiales para poder optar a las ayudas económicas".

El espacio natural, histórico, cultural, del Mediterráneo queda desdibujado por las grandes diferencias, de todo tipo, entre sus dos orillas y la preeminencia de los intereses energéticos de los estados. "La cooperación, hasta ahora, no ha dado frutos -admite un diplomático francés que no da su nombre porque no está autorizado a hacer declaraciones- y la Unión por el Mediterráneo, que Sarkozy impulsó hace un par de años, de momento, no es más que un escaparate político".

La presidencia española de la UE, a partir de enero, impulsará esta unión, pero no se prevé que haga nada para articular una macrorregión en torno al llamado arco mediterráneo latino, que va de Sicilia al mar de Alborán. Catalunya, ante esta falta de liderazgo, se mueve en Bruselas de la mano de la delegada de la Generalitat, Anna Terrón, para unir la eurorregión Pirineos-Mediterráneo con la de Alpes-Mediterráneo, completando un miniarco entre Génova y Tarragona, que incluye las Baleares y ciudades clave como Barcelona, Lyon, Marsella, Turín y Milán. A los lazos históricos y culturales de esta zona en gestación se une el interés comercial de ser la gran puerta del sur de Europa.

Noticia editada por:

Xavier Mas de Xaxàs

hace 5 meses y 28 días

Editor cualificadoSenador

He montado Wikidiario con ayuda de muchas personas con ideas y ganas de mejorar el periodismo. Hace más de 20 años que trabajo en La Vanguardia, lo que supone haber haber hecho casi de todo en esta profesión. También he escrito dos libros: La sonrisa americana (sobre Estados Unidos) y Mentiras (sobre periodismo).