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¿Quién te quiere y te cuida como...?

Cada viernes noche nos reunimos todas las amigas para cenar y hablar sobre cómo ha ido la semana. El pasado viernes el camarero nos hizo una pregunta que nos hizo pensar: "¿Dónde dejaron a los novios?"

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21:10. Viernes.

¿Quién te quiere y te cuida como yo? Suena Carlos Baute, la melodía de mi móvil. Es Nadia quejándose de que siempre me tienen que esperar para pedir la cena.

- ¡Llego en cinco minutos!
- Date prisa Patri que tenemos hambre.


Entro acalorada al Bar Velódromo, en el Eixample. Nuestro lugar de reunión semanal es en la parte de arriba. Antes de subir las escaleras ya escucho sus risas…alguien me dijo alguna vez: “cuando se junta un grupo de mujeres siempre se están riendo”. Saludo repartiendo besos de una en una, algunas hacía tiempo que no acudían a nuestra cita de los viernes, a otras hace solo horas que no las veía.



Se acerca el camarero y hace la pregunta del millón:

- ¿Chicas dónde dejaron a los novios?
- ¿Novios? ¿Qué es eso? Si se está mejor sin ellos.


Esa es la típica respuesta que damos, a la típica pregunta que nos hacen. Belén se ríe con la pregunta del camarero y nos explica que una de sus alumnas por la mañana le había preguntado porqué no estaba casada ¿Cómo explicarle que casarse no entraba en sus planes…aún? ¿Cómo explicarle a una niña de cinco años que estando solteras tenemos mucho más tiempo para nosotras y hacemos lo que realmente nos apetece sin dar explicaciones a nadie? Escuchándoles hablar la memoria visual me traslada a un recuerdo:

- Hace poco leí un titular que decía algo así como…- Intento recordar la frase literal - que en las grandes ciudades como Barcelona y Madrid la soltería se tiende a idealizar. ¿Creéis que estamos solteras porque está de moda?


Se crean, en cuestión de segundos, dos bandos entre mis amigas: las “esperanzadas” que están solteras porque aún no han conocido a nadie con quién tener una relación estable y las “circunstanciales” que lo están porque su cuerpo les pide estar solas un tiempo (yo me uno a éste último grupo). En los dos grupos también hay extremistas, en el mío es Belén:

- Yo no quiero volver a enamorarme nunca. Me gusta estar sola, ahora viajo más, salgo más, es mucho más divertido. Me gusta ser la dueña de mi vida, y si estoy con alguien pierdo mi independencia.
- Belén, siento decirte que enamorarse es sano. – Dice Valeria, la romántica bióloga del primer “equipo” – Es un desequilibrio químico, con lo que las personas cuerdas tarde o temprano experimentan esa sensación. Es algo inevitable a lo largo de la vida, porque es un fenómeno incontrolable.
- Entonces... – Me uno a la conversación-... yo no seré una persona cuerda, porque desde lo de Álex ya no me he vuelto a enamorar.


Todas me miran con un gesto de compasión porque conocen la historia:

A Álex lo había conocido hacía cinco años cuando me fui a vivir a Londres. Al llegar al aeropuerto de Luton él me preguntó cómo se cogía el autobús que iba al centro de la ciudad. Fuimos compañeros de viaje durante tan sólo 55 minutos de trayecto y al despedirnos me dejó una sensación de vacío indescriptible. Al día siguiente, me despertó la luz de un sol que en Londres pocas veces volvería a ver. Me levanté y encontré una nota bajo la puerta: “Dicen que no se busca, que se encuentra... ¿Tú también lo sentiste?”.
No nos separamos durante los tres años siguientes.
Yo acababa de licenciarme en periodismo, y aunque escribía de vez en cuando artículos para revistas españolas, ahí en Londres trabajé de dependienta, camarera, acomodadora en salas de cine e incluso hacía trabajos extra de profesora de español.
Él era pintor, pero trabajaba en cualquier otra cosa antes que esforzarse por vender sus cuadros. Estaba convencido de que nadie querría tener una pintura suya colgada en la pared. Le propuse dejar uno de sus cuadros en el cine en el que yo trabajaba para probar la opinión de la gente. Un día llegué a casa entusiasmada porque un inglés me había comprado el cuadro ¡Su cuadro! Desde entonces Álex se ha dedicado a la pintura, sin saber nunca que ese primer cuadro lo había comprado yo.
Lo último que supe de él es que había inaugurado una segunda exposición. Lo supe porque una de mis ex-compañeras aún tiene contacto con él. Yo no.
A los tres años de vivir en Londres, me llamaron para trabajar de reportera en una televisión española, y él me dijo que no lo dudara, que me fuera. Que si rechazaba el trabajo por él le odiaría el resto de mi vida. Y aunque ninguno de los dos creíamos en las relaciones a distancia, si que confiábamos en volvernos a encontrar algún día, en algún lugar, en busca de algún autobús.

- Pero Patri, es que tú estás soltera porque eres fiel a una relación que no tienes. No es que no quieras volver a enamorarte.


Escucho la voz de Valeria lejana, hemos hablado infinidad de veces de mi incapacidad para amar. Así que desconecto y me sumerjo en esos días idílicos. Mientras yo estoy reviviendo en mi mente a Álex ellas siguen con la conversación. Valeria vuelve a la carga:

- Pues a mi no me gustaría estar soltera toda la vida. Yo no me imagino la vida sin una familia. Quiero verme dentro de unos años con mi marido y mis hijos, y aunque sé que no es tan fácil encontrar a alguien con quien compartir este sueño, sigo creyendo que existe.
- Pero es que no solo depende de mi el seguir soltera o no. – Comenta Alba, la psicóloga del grupo- Al menos por mi vida han pasado muchos hombres con los que me hubiera gustado tener una relación y ellos ni se interesaron por conocerme. Van a lo que van y punto. Como dice Alberoni “enamorarse es cosa de valientes” y la mayoría de hombres son unos cobardes.

La mayoría de nosotras asiente con la cabeza. Convencidas de que vivimos en época de precariedad, ya no solo laboral, también precariedad en los sentimientos. Y Nadia, que hace tiempo que tiró la toalla en este tema dice:

- Yo no me veo comenzando nada, aunque quiera. Me siento llena con mi vida profesional y con los amigos que me rodean. – Es diseñadora y hacía unas horas había llegado de Madrid de diseñar para la Pasarelas Cibeles - Pero estoy un poco desanimada en cuanto a encontrar esa pasión, que al menos dure un mes. Ya no hablo de encontrar al hombre de mi vida.


Quizás ahí radique el cambio de mentalidad: ya no se tiene miedo a la soledad. Ya no se ve como algo negativo, o no tanto como en el pasado. Quizás ahora somos más individualistas, tanto hombres como mujeres, y eso facilita que haya más gente dispuesta a estar sola. Como dicen mis abuelos “Ya no aguantamos nada”.

- Es que yo no tengo porqué aguantar nada de nadie. – Belén se sulfura con estos comentarios siempre - El flechazo quizás no se pueda evitar, y me guste tenerlo. Pero un compromiso ya es otra cosa.
- Es que el compromiso es muy complicado – alega Noemí, que no había dicho nada en toda la cena. Es la única casada del grupo. – El matrimonio es tan difícil que a veces he pensado en separarme…


Se hace el silencio durante unos segundos, y reaccionamos:

- No lo dices en serio Noe…
- Pues sí chicas, lo he pensado en algunas ocasiones, porque llevo con él desde los 16 años, y a veces me planteo si el estar con la misma persona toda la vida deja que evolucione o no. – Seguimos todas en estado de shock, ellos siempre habían sido la pareja ideal, de esas que aún dejan esperanzas a creer en el amor - Incluso me he estado viendo con otro… necesito unas copas.


Automáticamente decidimos pedir la cuenta y tomar rumbo a cualquier parte dónde Noemí pueda bailar y hablar, o bailar a secas.

Traen la cuenta.

- ¡¡Paatri!! ¡Son 6’50! – la camarera me lo habría repetido ya varias veces, porque mis amigas me zarandearon para que dejara mis recuerdos londinenses y volviera a la realidad.
Vale, vale, ya pago…
- Tú dices que no crees en el amor, pero estás enamorada de un recuerdo. – Me dice Alba.


Y malhumorada tanto por la noticia de Noemí como por haberme “despertado” de mis recuerdos, cojo aire y:

- No es verdad, estoy soltera porque quiero. Porque dejé de creer en el amor romántico desde hace tiempo. No creo en que el amor dure siempre, siempre pasa algo que acaba fastidiándolo todo, y no quiero esforzarme en ninguna relación más para que tarde o temprano acabe. No quiero volver a atarme a nadie. Seré una madre soltera y feliz.


Y después de mi archiconocido discurso dejo mis cosas en la mesa y me voy al lavabo. Me tranquilizo frente al espejo, y me pregunto en qué momento dejé de creer en el “para siempre”. Salgo. Ellas siguen en la mesa decidiendo dónde a ir a tomar algo.

Mientras me voy acercando escucho:

¿Quién te quiere y te cuida como yo?

Se giran todas a la vez, me miran…

- …es Álex…

Noticia editada por:

Paula Hernández García

hace 11 meses y 16 días

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