Internet democratiza el arte
Internet aporta al arte una nueva dimensión. Lo baja del pedestal elitista y le permite llegar a más personas. Así enriquece su propia creatividad.
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Esperanza Sáenz ha conseguido recopilar 112 ventanas de todo el mundo en tan solo dos meses. No se trata de una locura maniática de una persona neurótica, sino del proyecto fotográfico puesto en marcha por una joven artista a través de internet. La idea es crear una obra de arte colectiva por medio de la aportación particular de ciudadanos anónimos de todo el mundo: basta con enviar una fotografía de las vistas desde tu propia ventana. Sólo hay un requisito: inmortalizar también el marco. “Quería hacer algo sin saber qué saldría de ahí: algo en lo que los demás tuvieran la oportunidad de crear mediante la fotografía”, explica Esperanza Sáenz sobre su proyecto. Y lo que ha salido de ''From my window'' –así es como se llama la experiencia– es una recopilación heterogénea de fotografías procedentes de lugares variados del mundo: desde aquella con calidad artística inmejorable hasta la más pixelada capturada por la cámara de un móvil cualquiera. El objetivo de la artista no es otro que formar un “bloque de pisos global”, como lo denomina ella misma, en el que cada pequeño ángulo del edificio muestre una visión completamente subjetiva y particular de una parte del mundo.
Por supuesto, internet es la única manera de alcanzarlo: “Dime otra forma si no de recopilar 112 fotografías de todo el mundo en dos meses. ¡Y gratis!”, exclama la autora a propósito de esta tecnología. El arte, bajo su punto de vista, necesita de la participación de los ciudadanos. Sólo internet ofrece la posibilidad de democratizarlo, permitiendo que la gente participe. Sáenz lo tiene claro: “Todos tenemos derecho a aportar nuestra visión”, y hace énfasis en la riqueza que supone intercalar con trabajos profesionales otros más naturales y espontáneos procedentes de personas ajenas al arte. “Si algo tiene la fotografía es que cualquier imagen tiene su interés particular, sea o no profesional”, concluye Esperanza.
From my window no es el primer proyecto artístico basado en la participación directa de la ciudadanía. El primer intento de democratización del arte en internet surgió en 1995 en la Universidad de California bajo la etiqueta de “TeleGarden”. No era otra cosa que un jardín comunitario para todos aquellos usuarios de internet con ganas de plantar y cuidar semillas de manera telemática y colectiva; nada más cercano a la idea de diversión que Facebook propone con su granja.
La democratización del arte en internet no sólo puede ser entendida como la posibilidad efectiva de participación de cualquier persona en el proceso de creación de una obra artística, sino que también es una vía para acercar el arte al ciudadano medio, sin distinción económica ni educativa. En esta otra cara de la moneda se encuentran actualmente la mayoría de artistas más o menos reconocidos que aprovechan la rapidez, gratuidad y efectividad de internet para conectar con su público. Mikel Caro es uno de ellos: movido por la necesidad de dar a conocer su obra para afianzar su nicho en el mundo de la pintura, creó una página en varias redes sociales en la que expone gran parte de su colección.
Mikel Caro Artistic Work es el nombre con el que ha bautizado su andanza en internet, a la que poco a poco se va sumando un importante número de usuarios. Los comentarios que estos seguidores van dejando en el tablón del artista en redes como Facebook o Tuenti sólo tienen, por el momento, expresiones de alabanza hacia su obra y su éxito ganado paso a paso. Ángel Escalada, por ejemplo, comenta: “¡Muchas felicidades por tu trabajo! Estoy muy, pero que muy impresionado”. La admiración llega, incluso, en el idioma internacional: “Impressive!! Really a good job, I love it. You remind me a great artist of the painting”.
Mikel Caro, sin embargo, no se deja impresionar fácilmente por los piropos y valora la oportunidad que le brinda internet para exponer su pintura a la crítica y la comparación, de forma que se pueda establecer un diálogo constructivo entre artista y público: en definitiva, “crear una especie de espacio abierto de puesta en común a partir del arte”. Esta herramienta “sin límites y sin censura”, según Caro, está permitiendo por fin un acercamiento del panorama artístico actual, cada vez más restringido educativa y económicamente para el ciudadano de a pie, sin formación artística, “que raras veces puede comprender una exposición conceptual, por ejemplo”. La democratización del arte a través de internet precisamente permite salir del “hermetismo y elitismo de los museos de arte contemporáneo, únicamente comprendidos por un público especializado”, explica convencido el pintor.
El arte se mueve con la sociedad con la que experimenta con formatos como el happening, el videoarte, la performance o el netart. En esta probeta experimental desarrolla su proyecto la fotógrafa Esperanza Sáenz, que trabaja para resaltar la belleza de los contrastes de las imágenes recibidas tanto desde Barcelona, como de Chicago, Sao Paulo o Melbourne, en un momento en que “la mayoría de obras de arte tienen un significado abierto, es decir, diferente para cada persona”. A propósito de las tendencias actuales, la artista reflexiona sobre el devenir artístico: “No tengo ni idea de cuál será el futuro del arte, pero sí estoy segura de que internet tendrá mucho protagonismo en él”.
Sobre el futuro del arte hay muchas incógnitas. Algunos, como Sáenz, afirman que las nuevas formas de expresión “no sólo son compatibles, sino idénticas” a aquellas que se ponían en práctica siglos atrás, lejos de la modernización informática actual. Bajo esta concepción equiparadora “un cuadro del XIX y una obra de videoarte han sido realizados con las mismas premisas, lo único que cambia es su envoltorio. Ambos han sido creados para transmitir un mensaje”, asegura la fotógrafa, quien concluye: “el arte es y será siempre el mismo concepto”.
Un concepto difícil de encasillar con etiquetas, de almacenar y reproducir, por su carácter intangible y voluble, al que poco a poco se va adecuando el mercado por la necesidad de adaptación a las nuevas formas de expresión artísticas. Actualmente, el arte concebido en soporte internet es igualmente válido para ser conservado, expuesto e incluso comprado por coleccionistas, como si de cualquier otra pieza se tratara: solamente con la firma de un documento de propiedad.
A estas alturas, pocos artistas dudan de la efectividad de tener un dominio web para exponer obras en galerías virtuales, así como para lucir trayectoria profesional y posibilitar el acceso a los posibles compradores. No obstante, Mikel Caro tiene objeciones al estado actual de euforia por las ventajas que ofrece la herramienta de comunicación por excelencia del siglo XXI. Al margen de la brecha digital, internet no es una garantía de éxito inmediata, sólo facilita el camino: “También hay que moverse y contactar con salas de exposición, galerías, presentarse a concursos, becas, etc.”. Caro está mentalizado de que “por mucho que tengas una página web, si quieres ser artista y ganarte la vida con tu creación, no te queda otra que vivir en una gran capital”.
“Hoy en día todo el mundo puede darse a conocer”, expresa el pintor, pero “mientras que antes se pretendía imponer un gusto al público, actualmente es el público el que selecciona”. Lo que tanto Mikel Caro como Esperanza Sáenz tienen claro es que su finalidad última es transmitir emociones a un público: su éxito como artistas depende únicamente de él, al que ambos consideran “el juez”.

