Donde el dinero importa un pimiento
El mercado de intercambio de Gracia celebra su XXV edición en la que trata, una vez más, de proponer alternativas al sistema económico establecido
"Me gusta tu máquina de escribir. ¿Me la cambias? ¿Eh?". Cómo decirle que no a un niño, aunque te esté ofreciendo un juego de pajitas de colores a cambio de tu Olivetti Pluma 22. Va dando saltitos enfrente de la parada del mercado. Tres sobre el pie derecho, dos sobre el izquierdo. El ambiente en la plaza es tan alegre que no puede ser real. "¿Eh? ¿Me la cambias o no?". Está rodeado de amigos aún más pequeños que él, que miran silenciosamente hacia arriba. Alrededor hay gente de todas las edades, está Rafael Juncadella, vecino de Nou Barris, intercambiando ideas; la señora María, de la plaza Virreina, que va de una parada a otra saludando a todo el mundo; la gente del colectivo Olla Mòbil, que pica verdura sin descanso y alguien está anunciando ya el concierto de un grupo infantil de gospel de Madagascar. En apenas unas horas empieza el verano.
Anualmente, con cada principio de estación, se celebra en la Vila de Gràcia el mercado de intercambio que organiza la Xarxa d'Intercanvi de Gràcia, Xaingra, integrada dentro del Ateneu Rosa de Foc. Un mercado, en el que todo intercambio es posible, excepto aquél en el que medie el dinero. Con esta iniciativa, como explica uno de los fundadores, Francesc Roca, Xaingra pretende dar a conocer al resto del barrio "mecanismos alternativos para transformar la sociedad". Esta vez, la número veinticinco, no ha podido celebrarse en la plaza Virreina, como es costumbre desde hace seis años. Entonces, las asociaciones de vecinos de Revolució y Diamant se ofrecieron a acoger el mercado sin vacilar. Finalmente el ayuntamiento del distrito ha conseguido que se les ceda el espacio de la plaza del Sol durante toda la jornada.
La situación ha cambiado mucho desde las primeras veces que se celebró el mercado. Al principio, allá por el 2003, costó que el distrito integrara la actividad. El técnico polivalente en gestión de servicios personales del ayuntamiento del barrio, Francesc Roma, cuenta que existía una cierta reticencia en el barrio, que algunos vecinos y comerciantes les transmitían, causada por la actitud anticonsumista que se promovía desde el mercado. Con el tiempo, los comerciantes se dieron cuenta de que la actividad "encajaba" con la de las terrazas de los bares de la Virreina. La afluencia de los vecinos fue creciendo. Francesc Roca explica que así fue como el ayuntamiento dejó de poner pegas a la celebración. Desde entonces la situación ha cambiado. En más de una ocasión el ayuntamiento ha ofrecido su colaboración y Xaingra la ha rechazado siempre. Mantienen una actitud prudente ante las instituciones para evitar que éstas les condicionen, cuenta Roca. Además, su concepción de un mercado de intercambio dista mucho de la del ayuntamiento. Para Xaingra, el mercado es la materialización de una crítica a la sociedad capitalista, una propuesta de alternativa, mientras que para el ayuntamiento se trata de una actividad cívica más.
Este mercado fue en su día uno de los primeros en aparecer en Barcelona y desde entonces, no ha dejado de emularse desde distintos barrios. Actualmente existen doce mercados sólo en la ciudad que se convocan, como mínimo, una vez al año. El deseo de Francesc Roca, miembro de Xaingra, es que lleguen a coordinarse entre ellos y consolidar una red que les permita llevar a cabo actividades de mayor envergadura.
Pero "la tendencia de esto es ir a más", dice el técnico polivalente, Roma. Las opiniones sobre las causas de este fenómeno son variadas. Desde el ayuntamiento se observa como una necesidad de deshacerse de la abrumadora cantidad de objetos que todo el mundo acapara actualmente; Rafael Juncadella, promotor de la Red de Intercambio de Conocimientos de Nou Barris, comparte con Xaingra la opinión de que que es la consecuencia de una conscienciación social generada ante las fallidas del sistema capitalista: crisis, guerras y desigualdades sociales. Todas ellas observadas desde el palco, "desde la inactividad", dice Rafael, durante demasiado tiempo.
Albert Recio, economista especializado en economía del trabajo y colaborador de numerosas revistas de pensamiento crítico, no considera que estas iniciativas sean alternativas posibles al modelo vigente, ya que que "difícilmente una sociedad avanzaría con intercambio de objetos, sería algo kafkiano. Las sociedades actuales son complejas y este tipo de medidas no tienen en cuenta el contexto general. Aunque hay una cierta generalización del malestar social, pero está algo difuso. Lo que ocurre es que el sistema actual genera una impotencia brutal porque está preparado para tolerar un grado muy alto de crítica. Dentro de él pueden encontrarse espacios de experimentación como estos, la cuestión es valorar si son reaplicables o no. Existen muchas otras maneras de reutilizar los productos, pueden donarse, simplemente. Un mercado de intercambio puede generar las mismas relaciones desiguales que existen en el mercado vigente: el que tiene más que ofrecer, sigue acaparando el poder."
La meta final que persiguen estas propuestas es generar un tejido de relaciones vecinales que ha ido desapareciendo en nuestras sociedades en favor del aislamiento crónico. Para Albert, propuestas como las redes de intercambio de conocimiento o los bancos de tiempo permiten generar relaciones sociales mucho más fuertes que los mercados de intercambio, aunque tampoco las considera soluciones finales: "Para solucionar algo realmente hay que meterse en política, ya sea lucha vecinal o sindical y ese es un sacrificio que no todo el mundo está dispuesto a hacer".
En Nou Barris, cerca de la parada Roquetes del metro, hay una puerta de la que cuelga un cartel: "Red de intercambio de conocimientos, donde el dinero importa un pimiento". Es el local de la primera red del estado español, que Rafael Juncalleda fundó, reproduciendo el modelo francés, en 1983. Hoy en día, con más de trescientos participantes, esta red es según Rafael "la gasolina que da de nuevo sentido a muchas vidas dentro del barrio". El funcionamiento es sencillo, cada participante proporciona conocimientos o experiencias en aquellas materias que mejor se le dan (desde hacer tortilla de patatas a impartir sesiones de reiki) y a cambio tiene la posibilidad de realizar cuantas quiera de las actividades que se realizan en la red. "Este tipo de redes rompen las jerarquías valorativas establecidas por el sistema mercantil" dice el economista Albert Recio "y no perpetúan ninguna clase de materialismo, de primera o segunda mano".
Dentro de Cataluña se ha tomado ejemplo de la red de conocimientos en numerosos rincones: desde la que estrenó hace un año dentro del colectivo mismo de Xaingra, a Sant Antoni, Sant Andreu, Coll Blanc, la Florida, de Barcelona, a Montcada i Reixac, Sant Feliu del Llobregat, Figueras o la ciudad de Gerona. En el resto de España solo existe la red maña Enredando, que lleva ya dos años en funcionamiento. En países como Portugal, Italia o el Reino Unido están más extendidos los bancos de tiempo, que contabilizan las horas invertidas en un taller y las retribuyen en horas de a invertir en el resto de actividades propuestas.
Cuando acaba el mercado, quedan los objetos que nadie ha querido. Sus dueños los regalan o los guardan para probar suerte en el próximo mercado, que la entrada del otoño traerá consigo. Algunos se van cargados de cosas, otros se han librado de ellas, otros se van con unas pajitas de colores en la mano que no saben para qué diablos les servirán.


