Tras más de un mes sin hablar del fútbol español, hoy es un buen día para romper esa estadística. Sandro Rosell ya avisaba, durante la campaña electoral, de la mala situación económica del club. Se estaba dilapidando, en cierto modo, el futuro económico de la entidad. Y por las palabras de Xavier Faus, vicepresidente económico del Fútbol Club Barcelona, la salud financiera del club es «delicada» según el máximo responsable económico del Barcelona.
Por el camino se han ido produciendo diversas aberraciones en forma de fichajes y de subidas estratosféricas en las fichas de los jugadores. El resultado es sencillo: el modelo es tan poco sostenible e inviable que las nóminas que se debían de haber pagado el 30 de junio aún no se han hecho efectivas. Sin ser una alarma, es un aviso muy serio para la tesorería del club.
Joan Laporta, consciente de que jamás se volvería a sentar en el palco del Camp Nou y de que se despedía como el mejor presidente (que no gestor) en la historia de la entidad, empezó a gastar y a gastar de forma irresponsable. Imprudente e inconsciente, Laporta se centró en su carrera política y dejó de lado el futuro económico de su queridísimo Barça.
Y a los hechos me remito. Se fichó a un central que jamás se adaptó (no tuvo tiempo para ello y los pitos del Camp Nou son demasiado insoportables para cualquier jugador) por una cifra astronómica y a los pocos meses se vende por diez millones menos. Sí, Guardiola también falla, ya que fue él el que exigió su fichaje, sin importar el coste final del mismo.
Se compró a Ibrahimovic y se malvendió a Eto’o por una cuestión de feeling. Nueva metida de pata del entrenador de Santpedor. Demasiado dinero para un delantero que no termina de adaptarse al juego de los azulgranas. De hecho, Bojan terminó la temporada siendo el delantero titular mientras Guardiola compartía el banquillo con la estrella sueca.
No quiero decir, con todo, que Pep sea un mal entrenador. Al contrario. Creo que es el mejor entrenador que puede tener el Barcelona; conoce el entorno, es canterano, sabe qué es lo que siente y lo que le pasa por la cabeza a un chaval de La Masia, por lo que sabe por quién apostar y, lo mejor de todo, gana jugando al fútbol.
Pero volvamos a la herencia que ha dejado Joan Laporta en las arcas del club. Guardiola se merece una, y muchas más, entradas aparte. El escándalo de los vicepresidentes espiados terminó de la forma más inesperada posible: Joan Oliver, director general del F.C Barcelona, no se lo debía creer cuando su amigo del alma le subió el sueldo hasta que los ceros se agotasen en su cuenta corriente.
El nuevo presidente, que en este caso fue Sandro Rosell, cogería la patata caliente y debería revertir la situación. Muchos de los jugadores de la primera plantilla, tal y como ya hemos comentado, se han hecho las fotos de rigor con Laporta tras rubricar sus nuevos contratos.
Los últimos meses de su presidencia fueron una ola de fotografías en el despacho dónde se cerraban los contratos y dónde el presidente quería, muy a su pesar, imitar a un dictador que gobernó y arrasó España durante casi cuarenta años. Lo quería dejar todo, en definitiva, atado y bien atado. Y sin duda que lo ha conseguido.
Rosell tiene varios retos en lo que a saneamiento de la economía del club se refiere. Tanto que se quejaba el bueno de Joan cuando ganó las elecciones en 2003; que si el club se va a pique, que el déficit es monstruoso…Según los números que maneja Xavier Faus, el club debe más dinero del que debía en el año 2003.
Volveremos a desempolvar los diccionarios de las coyunturas económicas complicadas. Las frases más manidas las llevamos escuchando desde hace un par de años: «Tocará apretarse los cinturones», «congelación o incluso bajada de sueldos», «deberemos seguir una política de austeridad», «todos nos deberemos sacrificar, empezando por los que más tienen [y terminarán pagando los platos rotos, en este caso, los socios del Barcelona]».
Tienen que ser demasiado rojos los números cuando se solicita un crédito por un valor de 155 millones de euros y que deberá ser devuelto en los próximos cinco años. A pesar de todo, y gracias en gran medida a las ventas de Touré y Chygrynskiy, la entidad deportiva catalana podrá gastarse 50 millones de euros en fichajes. 50 quilos que serán sinónimo de Cesc Fábregas.
Si Laporta hubiese sentido de corazón al Fútbol Club Barcelona, la herencia no hubiese sido la de un club que está a punto de ingresar en la UCI por problemas de salud financiera. Dejarse llevar por los problemas personales (ya que todo apuntaba a que el nuevo presidente sería Rosell y él se marcharía de rositas para preparar las elecciones de otoño para la Generalitat de Catalunya) no es el mejor ejemplo del que se autoproclama como el mejor presidente de la historia del club.
Por otro lado, empiezan los rumores sobre fichajes y las configuraciones de las plantillas. Estaremos atentos a todos los movimientos en el mercado europeo de fichajes y aquí se lo contaremos.
Gonzalo de Melo http://twitter.com/gonzalodemelo

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